28 enero 2010

A Gandalf


Esto es un homenaje a mi querido Gandalf, ese hombre paciente, sabio, sacrificado, que daría lo que fuera porque su Frodo y su Sam lleguen al monte del destino y se deshicieran del anillo... cumpliesen su metas, sus objetivos...
A ti Gandalf, después de tantas batallas luchadas, ahora te toca descansar, viajar a la isla de los elfos y vivir en paz, se que serás capaz de encontrarla, y que aunque los obstáculos se crucen en tu camino sabrás enfrentarte y tendrás la sabiduría para esquivarlos cuando el enfrentamiento no sea posible, nunca has sido de los que has dado la espalda a los problemas o has escondido la cabeza a esperar que pasase la tormenta. Todos los que te queremos te acopañeremos de diferentes maneras en tu viaje para echarte una mano cuando lo necesites.

Somos muchos los que te debemos el ser quien somos, para los que has sido un maestro, el único que creyó en nosotros cuando nadie más lo hizo. Eres un ejemplo, siempre con los brazos abiertos y la mano tendida por si alguien te necesitaba, aunque eso significase retrasar un poco tu llegada, pero tu siempre tuviste claro que estabas donde tenias que estar, y que nunca llegabas ni antes ni después si no justo a tiempo.

Creo que no podré olvidar tu cara de sorpresa y emoción cuando por una vez la mayor parte de tus seres queridos se reunió para rendirte homenaje por una vida de esfuerzo, lucha y sacrificio.

Hasta tu querido amigo y compañero, estuvo allí y haciendo gala de su don inspirado tuvo a bien obsequiarnos con un octosilábico a tu persona que hizo que curiosamente a todos los presentes nos picasen los ojos de forma extraña, incluso a ti. Algo que por otro lado tengo que agradecerle de todo corazón.

Por mi parte, darte las gracias por tus desvelos, por tu preocupación sincera, tu cariño incondicional, por estar cerca aunque no estuvieses al lado. Por tu paciencia, tus consejos, decirte que he aprendido mucho de ti, y que de mayor quiero ser como tu, que espero de todo corazón que seas muy muy feliz, y consigas de un modo u otro encontrar tu paz.

Cuenta conmigo...

Te dejo con tu octosilábico, para que nunca olvides quien fuiste ni quien eres...



En la irrepetible efeméride
de la jubilación del
irrepetible Andrés




I

Amadísimos hermanos
en Moradillo de Roa:
Voy a cantar las proezas,
voy a cantar vida y obra
de este ilustre jubilata                             5
que se nos jubila ahora.
Escribí siete mil folios
—qué menos de tal persona—
mas por no dar la barrila
los resumo en pocas hojas.                      10
No pretende esta epopeya
dar a nadie por la popa,
pero si algún verso sale
esquinado o mala sombra,
es solo cochina envidia                           15
de verlo entre tanta tropa
como lo admira y lo mima,
lo respeta y aun lo adora.
Vamos allá: carraspeo
y empiezo la épica historia.                     20

Nació don Andrés Bermejo
en la provincia de Soria…

(Aquí interrumpe Nayr escandalizada,
y el narrador impertérrito prosigue):


¡Ay qué coño, ya empezamos
con esto de la memoria!
Que estoy hablando de cunas,                25
no de tumbas ni de fosas…
Pero, en fin, no quiero líos:
pues Nayr no se conforma,
corrijo y cambio de rima,
santas pascuas y a otra cosa.                   30

II

Nació don Andrés Bermejo,
do nacen los fijosdalgo,
no sé si en cuna de pino
o tal vez de palosanto.
Pero nació, eso es seguro,                       35
y puedo certificaros
que allí no nació Padilla
ni Bravo ni Maldonado.
Pero es el caso que el mozo,
desde sus más tiernos años                     40
ya despuntaba de agudo,
de recto en algunos casos,
y nunca jamás de obtuso,
porque siempre tuvo claro
que esos ángulos bocazas                        45
a él le estaban vedados.
Después de mil aventuras
recaló en el Seminario,
donde pronto convivimos
con cerebros tan preclaros                       50
que don Andrés, aburrido,
decidió hacerse uruguayo.
«Pasó un día y otro día»,
volvió al cabo de los años,
diciendo «plata» y «boludo»                  55
y hecho casi un tupamaro.
Nos enseñó a tomar mate
y la ciencia de cebarlo,
y de pasada aprendimos
un nuevo vocabulario:                             60
no es lo mismo «calabaza»
que «calva», «calvo» o «calvario»,
y tampoco una «bombilla»,
aunque se chupe, es un cargo,
porque chupar siendo alcalde                  65
parece que está chupado.
Con él se trajo a Viglietti,
Mercedes Sosa y Horacio
Guarany, Numa Moraes,
Los Quilapayún, que acaso                     70
perecieron en la hoguera
por si las moscas de Franco,
aunque hasta entonces sus discos
¡qué ratos nos depararon!

Su cruz empezó conmigo:                       75
coincidimos en un cuarto
en aquella Salamanca
de Pontificia y teatro,
yo siendo un puro desastre
y él siempre tan ordenado.                      80
Nunca encontraba en su mesa
los lápices colocados,
arrugábamos la colcha,
e incluso balcón abajo
un día voló una manta;                            85
y él, paciente como un santo,
igual que el cordero bíblico
ni siquiera abrió los labios,
así que bajé a la calle
a recoger lo tirado.                                  90
(No cuento el día en que el gorro
me encontró estando encerrado
bajo llave en la cartera:
aún estoy traumatizado
porque me ganó una apuesta,                  95
y fui tan mortificado
que ya no hice penitencia
hasta el domingo de ramos).

Tuvo un 600 tan suelto
que parecía blindado:                              100
nos fuimos a Suiza en él,
a un ritmo tan endiablado,
que llegó a Barcelona antes
su primo con un Pegaso.
(Bien es verdad que debimos                  105
un par de veces pararnos:
¡quién nos viera en los Monegros
buscando desesperados
un árbol providencial
como la sombra del salmo,                      110
pues el coche, de caliente,
amenazaba tirarnos
en mitad de la calzada
descompuestos y sin saco!
Al fin encontramos uno                          115
tan trémulo y solitario
que creímos que echaría
a correr al acercarnos.
El árbol se sosegó,
nosotros nos aguantamos,                       120
el coche se refrescó
y acometimos el páramo).

Cerca de Lyón hicimos
un camping descontrolado,
montando a tientas la tienda,                  125
que aun me parece milagro
cómo no vino algún guardia
a levantarnos de cuajo.
Antes del amanecer
ahuecamos el sombrajo                           130
y al final de la mañana
en Berna nos encontramos,
sin más medios que un teléfono
y medio desorientados:
el viaje duró tres días                              135
y ni sé cómo llegamos.
Pero al fin todo está escrito,
y estábamos destinados
a compartir camarote
también en terreno extraño:                    140
fuimos a dar a un desván,
cuya descripción me guardo,
pues no faltará ocasión
quizá de rememorarlo.

Salto días y kilómetros,                           145
salto estaciones y años,
salto incluso un viaje exótico
a aquel país uruguayo
donde tiempo atrás estuvo
y tuvo a bien obsequiarnos:                     150
era invierno pero fue
mejor que cualquier verano;
conocí los chinchulines
y el apellido italiano
del obispo con quien tuvo,                      155
en aquellos tiempos bravos,
dimes, diretes, distingos
y también considerandos.
Pero eso ya fue después
de párroco y parroquiano:                       160
es justo que se ordenara
un hombre tan ordenado.

No lejos de este lugar
Cupido andaba acechando.
En la noble Torreadrada                          165
la milagrosa Milagros
me lo puso en un membrete,
como ha dicho un ilustrado.
Y Andrés, que es un caballero,
cogió la flecha educado                          170
y la colocó en su aljaba,
en el sitio destinado,
pues, dígase lo que quiera,
digo yo que, al fin y al cabo,
qué más da ordenar la flecha                  175
que un cirio pascual dorado.

Hicieron tan bien las cosas
que para testimoniarlo
aquí están Nayr y Víctor,
lucios y descagazados.                            180
Por cierto sé yo que un día,
en un coche más templado
que aquel que nos llevó a Suiza,
siendo Víctor pequeñajo,
le vino en gana lo mismo                         185
casi que al amigo Sancho.
Pues parar no era posible,
pero Andrés, que es ordenado,
para emergencias llevaba
un guante pintiparado,                            190
y viendo el bueno de Víctor
recipiente tan preciado,
soltó el líquido elemento
y quedó muy aliviado
de la carga pisotera                                 195
que tanto le había pesado.
(Cosa que no me sorprende,
pues también sé yo otro caso
que ocurrió en noche funesta
en Berna de mis pecados:                       200
allá en un desván y a oscuras,
un tantico indigestado,
preparó cierto paquete
cuidadosamente atado
con la intención saludable…                   205
pero mejor me lo callo,
porque aquí también se dijo
que peor es meneallo).
Claro que Víctor ha sido
siempre tan espabilado,                           210
que le puso en un conflicto
una Navidad de antaño:
De Papá Noel Andrés
se me había disfrazado,
con bolsas del hospital                            215
y otros chismes apropiados,
pero se olvidó quitarse
el anillo y los zapatos;
y Víctor, que es un sabueso
del corte más holmesiano,                       220
le puso en un gran aprieto,
¡y mira que es complicado
poner a Andrés en aprietos,
siendo él tan organizado!

Ha sido a partes iguales                          225
profesor y sanitario
(y esto último lo digo
en el sentido más sano,
no me venga nadie luego
a jugar con el vocablo).                           230
De profe tuvo de todo,
alumnos buenos y malos:
estos quizá no sabían
con quién estaban jugando.
Cierto día sucedió                                   235
que un alumno destemplado
—de esos que tanto se usan
en tiempos descontrolados—
quiso salir a deshora
chulete y arrempujando.                          240
Pero estaba don Andrés
ante la puerta plantado,
y cuadrándose le dijo:
«¡Con la Iglesia hemos topado!».
No dijera don Quijote                             245
en el Toboso otro tanto.

Su horario ha sido exhaustivo
combinando ambos trabajos,
y a veces te lo cruzabas
absorto y ensimismado;                           250
le decía s: «¡Hola, Andrés!»,
pero él pasaba de largo,
y si tal vez te miraba
de frente o de arriba abajo,
seguía como si nada,                               255
en la carpeta pensando
de la mesa del colegio,
donde tan organizado
estaba el organigrama,
o en las planillas tamaño                         260
cartera que elaboraba
con informes y contactos.
Y si alguien movía un lápiz
o se acercaba a sus bártulos,
que se diera por jodido,                          265
pues no ha habido ojos de Argos
como los de Andrés Bermejo
para pescar infiltrados.
Tanto es así que en el día
en que lo homenajearon,                         270
la curiosa camiseta
que los profes le obsequiaron
tenía diez mandamientos
como en tablas estampados,
y el décimo, ¿qué ordenaba?                   275
¡Ese caletre, paisanos!
«¡No codiciarás —decía—
su carpeta!». Nunca el Santo
inspirador de la Biblia
estuvo tan inspirado.                               280

III

Es hora de ir concluyendo
esta apasionante historia.
Vuelvo a la rima primera,
¿recuerdan?, a la de Soria.
Y además me viene bien                         285
para dejarte esta cosa,
que sé que te va a joder
(perdón por la palabrota),
pues sé que no tienes sitio
para colocar más obras.                           290
Pero, pues te has jubilado
y tienes tiempo de sobra,
no te diré lo que dijo
la burlona Altisidora:
Cruel Vireno, fugitivo Eneas,                  295
Satanás te acompañe, allá te avengas,
sino en forma menos clásica
y mucho más amistosa,
te diré sencillamente
que sudes la gota gorda,                         300
mételo donde te quepa,
busca un sitio a sol o a sombra
ordénalo como puedas,
y acabo con la parodia:
Sabio Bermejo, regulado Andreas,         305
Milagros te acompañe, allá te entiendas.
¡Mira si he sido prudente,
que no he dicho allá te jodas!
¡Enhorabuena por esta
jubilación jubilosa!                                  310


E.Pascual


21 mayo 2009

Una Extraña Compañera


Hay momentos en la vida en los que sientes un nudo que te atenaza la garganta y amenaza con dejarte sin voz...


Hace poco este duende se levantó con esa sensación, y negándose a quedarse mudo se fue corriendo a buscar un remedio. El viaje le llevó algún tiempo y por el camino pudo ir reflexionando sobre porqué tenía ese nudo, porqué tenía la necesidad de ser escuchado. Y es que, a veces, como a todos, parece que la esperanza se nos escapa entre los dedos... La vida se empeña en llevarnos por su camino, sin importar dónde queramos ir, y a veces, la esperanza se nos escapa como piedra de río dejándonos a la deriva, pensando que quizás en el próximo salto de agua nos ahoguemos.


Sin embargo, cuando está con nosotros nos permite agarrarnos, descansar del intenso fluir del río y ver que ese salto de agua que tanto nos asustaba es sólo una parte pequeña que no llegaría a cubrir nuestras rodillas si somos capaces de ponernos en pie y que además si lo logramos sus burbujas nos harán cosquillas mientras disfrutamos del paisaje colindante...


Y es que, a veces, es necesario parar y mirar alrededor para darnos cuenta de todo aquello que nos gusta, nos hace felices, queremos y necesitamos.


A menudo, vamos tan sumergidos en el torrente que nos vemos cegados por las vueltas, las revueltas y las corrientes del río, que no nos paramos a disfrutar...Y la esperanza es la que nos ayuda a creer, a apreciar...


Por eso fue que este duende quiso gritarle a la esperanza que no le abandonase y cruzó valles y escaló montañas, y cuando llegó a lo más alto le pidió al sol, la luna y las estrellas que le guiasen que le devolviesen la esperanza e iluminasen su corazón. Gritó y gritó a pleno pulmón hasta quedarse sin aliento antes de que su voz se apagase por el nudo...


Y no sabe si le escuchó alguien o no, sólo sabe que después de tanto gritar, elevando sus miedos a lo más alto y dejándolos al descubierto ante aquel quisiera mirar, el nudo se fue deshaciendo... aún no ha desaparecido, pero ahora tiene la esperanza de que lo hará...



06 mayo 2009

Una Reflexión como otra cualquiera...


De nuevo este duende está sentado frente a un papel en blanco, nunca nos damos cuenta de que el mundo no deja de girar, sentimos cuando nos enamoramos que el mundo se detiene, no sabiendo que él sigue su camino y que nosotros nos volvemos demasiado perezosos para seguirle, y de repente, un día, cuando miras a tu alrededor todo está cambiado, y tú sigues igual... Para variar sientes que los demás tiran "palante" y te dejan atrás, que nadie mira hacia atrás...

Estoy reflexionando sobre el egoismo ese que nadie admite y que todo el mundo tiene que ningún ser humano puede esquivar, pienso si hay un egoismo bueno y uno malo, y si son esos dos egoismos los que nos hacen de cara a los demás mejores o peores personas. Parece que el ser humano es incapaz de hacer nada que no redunde en su propio beneficio de una manera u otra. De ahí los dos tipos de egoísmo se que muchos pensarán que cuando alguien hace algo por ayudar a los demás eso es desinteresado, no tiene beneficio propio, y así es aparentemente... pero en el fondo ese ayudar, ese arriesgar la vida por otros, esa entrega no es altruista, nadie lo haría si el hacerlo le hiciese sentirse mal... los que lo hacen se sienten bien haciéndolo, quizás porque esperan una recompensa mayor, porque haciéndolo lavan sus conciencias, reciben el cariño y la aceptación de los demás, cada uno busca su beneficio, en este caso estaríamos hablando del egoismo que nos hace mejores personas... el egoísmo disfrazado, el que no se nota.

El otro Egoísmo es el que todos conocemos y criticamos, pero en el fondo todos pasamos por él en un momento u otro, es esa mancha en el expediente que la mayoría quieren tapar, cuando alguien es egoista abiertamente se le critica se le da de lado y se le considera peor persona, y sin embargo, el egoísmo sea de la clase que sea sólo tiene un fin perseguir y mantener el estado de felicidad del sujeto durante el mayor tiempo posible, cada uno haciendo uso de su libre albedrío elige la forma de alcanzar aquello que todos perseguimos como fin último LA FELICIDAD.

Nadie puede negarse a sí mismo el ser feliz, porque para los humanos es como una droga a la que estamos enganchados, cuando alguien no es feliz o su felicidad no es suficiente, se convierte en una persona triste, abatida, desesperada, tiene una necesidad más allá de toda lógica de volver a sentirse feliz, cada uno lucha su guerra... Si bien es cierto como todo, que existen sujetos que resisten mejor la ausencia o la bajada de niveles de felicidad que otros, pero al final la vida gira tan rápido que en algun momento todo ser humano se enfrentará a esa pérdida y dependerá de su egoismo y el egoísmo ajeno para poder sobre llevarla mejor o peor y para recuperar su dosis...